Cierto día Cadomomo no quiso ir
al colegio. Se justificó diciendo que tenía fatiga, que estaba harto, y que no
quería dañar el desempeño escolar bastante bien encaminado de su compañero de
banco, que no era otro más que Pernambuco. Éste hizo caso omiso a la decisión
de su amigo, echándole un vaso de agua fría en la cara. Pasó que Pernambuco se
olvidó de que el chiste estaba en vaciar el contenido del vaso, no en revolear
el recipiente directo a la cara de Cardo. De igual manera, Cardomomo no
reaccionó, solo dejó florecer el moretón en su rostro. Pernambuco ,de un tirón,
destapó a su amigo, revoleando las frazadas a un costado. Tampoco sirvió de
mucho, Cardomomo siguió torrando, fiel a sus sueños y ambiciones. Pernambuco se
dio por vencido, y fue al colegio sin su compañía de siempre. Se sintió sólo
las cuatro horas. En los recreos no supo qué hacer, y ante la gran cantidad de
compañeros no encontró tema de conversación que se extendiera más allá de tres
segundos. Al salir de nuevo a la calle, en el comienzo del viaje de vuelta, se
perdió: No dobló en las esquinas que tenía que doblar, no respetó semáforos, y
no saludó a la panadera luego de comprarle un cuarto de flautitas para el
almuerzo. En él crecía la esperanza de volver a disfrutar de las dotes
culinarias que poseía su amigo Cardo. El mismo era capaz de revolucionar una
vida mediante sus canelones de acelga y sus salchipapas fritas. También
utilizaba muy bien el arroz y conocía ingredientes que confundían y deleitaban
el paladar de Pernambuco. Cardomomo seguía durmiendo.
Perna cocinó unas milanesas que
estaban en la heladera: dos para él y dos para Cardo, si es que se levantaba. A
la tarde resolvió unas actividades de geografía, y después se echó a dormir una
siesta. Cuando despertó, Cardomomo merendaba té con sánguche de milanesa, con
mayonesa y queso. Le agradeció a Cardo la amabilidad de dejarle dos milangas,
aprovechando para preguntarle qué tal el colegio, qué había pasado. El otro
contestó:
-
¡No sabés la que te perdiste! Tremendo papelón hubo en
la clase de historia, boludo. Estaba hablando con Nay y Marcos sobre lo que me
pasó en el tren (después te cuento), y de repente Marcos pone cara de
sorprendido, y yo que estaba de espaldas al pizarrón me doy cuenta de que le
pasó algo a la pesada de la profesora. Me doy vuelta y ahí estaba,
convulsionando… Cuestión que se pusieron todos como con el culo y el corazón en
ambas manos, y Nay salió disparada a Preceptoria para buscar ayuda. Mar que
andaba por ahí, y que también sufre convulsiones, fue y la contuvo a la profe. Después llegó el director y se la
llevó a rastras, porque la gorda de historia pesa un huevo, yo quise ayudarlo
pero me dijo que no, que me distraiga en otra cosa, que vaya a pedir los
sánguches del desayuno, que qué se yo. Voy a buscar los sánguches y me
encuentro con dos enfermeros y un doctor llevando a toda velocidad una camilla
que hacía mucho ruido por el pasillo. Después, cuando estoy volviendo con la
caja llena de sánguches de salame, me cruzo con la Profe acostada en la
camilla, ya se la llevaban. La vi, estaba despierta, entonces agarro y le digo
que tenga suerte. La gorda me agradece y dice que me acerque. Me acerco y ahí
nomás me manotea un sánguche, boludo, y
me dice: “Para el camino, pibe.” Se los comenté a los chicos pero no me creyeron
nada. No sobró ningún sánguche, Cardo, ni uno.
-
Mirá vos- respondió Cardo, sentadito en la mesa, para
después darle un sorbo lento a la taza, porque el té estaba quema tripa pela
lengua
-
Tuviste que haber estado…- Dijo Pernambuco.
Entonces Cardo
dejó el té en la mesa, corrió la silla y
se paró. Apoyó las manos en el respaldo de la silla, miró fijo a Pernambuco, y
moviendo de acá para allá sus cejas coloradas y sus labios secos y violetas,
dijo:
-
Eso si que no, Pernambuco… eso si que no. Si yo iba, no
sobraba el sánguche, ¿Entendés? Si yo iba, hacía la tarea y la de Historia no
se descomponía por una de sus crisis de
“No-me-están-dando-bola-estos-pendejos-maleducados”. Ese sánguche de salame que
se llevó, era el mío. Quizá lo coma y se muera. Y si se muere, es porque yo
falté.¿Entendés, Perna?
-
Sí- dijo Perna, dándose cuenta de lo poco que servía la
mentira, y empezando a recapitular la verdad para decírsela Cardomomo, que con
su fidelidad al efecto mariposa pudo haberse ido bien a la mierda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario