jueves, 10 de octubre de 2013

Solo

Cierto día Cadomomo no quiso ir al colegio. Se justificó diciendo que tenía fatiga, que estaba harto, y que no quería dañar el desempeño escolar bastante bien encaminado de su compañero de banco, que no era otro más que Pernambuco. Éste hizo caso omiso a la decisión de su amigo, echándole un vaso de agua fría en la cara. Pasó que Pernambuco se olvidó de que el chiste estaba en vaciar el contenido del vaso, no en revolear el recipiente directo a la cara de Cardo. De igual manera, Cardomomo no reaccionó, solo dejó florecer el moretón en su rostro. Pernambuco ,de un tirón, destapó a su amigo, revoleando las frazadas a un costado. Tampoco sirvió de mucho, Cardomomo siguió torrando, fiel a sus sueños y ambiciones. Pernambuco se dio por vencido, y fue al colegio sin su compañía de siempre. Se sintió sólo las cuatro horas. En los recreos no supo qué hacer, y ante la gran cantidad de compañeros no encontró tema de conversación que se extendiera más allá de tres segundos. Al salir de nuevo a la calle, en el comienzo del viaje de vuelta, se perdió: No dobló en las esquinas que tenía que doblar, no respetó semáforos, y no saludó a la panadera luego de comprarle un cuarto de flautitas para el almuerzo. En él crecía la esperanza de volver a disfrutar de las dotes culinarias que poseía su amigo Cardo. El mismo era capaz de revolucionar una vida mediante sus canelones de acelga y sus salchipapas fritas. También utilizaba muy bien el arroz y conocía ingredientes que confundían y deleitaban el paladar de Pernambuco. Cardomomo seguía durmiendo.

Perna cocinó unas milanesas que estaban en la heladera: dos para él y dos para Cardo, si es que se levantaba. A la tarde resolvió unas actividades de geografía, y después se echó a dormir una siesta. Cuando despertó, Cardomomo merendaba té con sánguche de milanesa, con mayonesa y queso. Le agradeció a Cardo la amabilidad de dejarle dos milangas, aprovechando para preguntarle qué tal el colegio, qué había pasado. El otro contestó:

-         ¡No sabés la que te perdiste! Tremendo papelón hubo en la clase de historia, boludo. Estaba hablando con Nay y Marcos sobre lo que me pasó en el tren (después te cuento), y de repente Marcos pone cara de sorprendido, y yo que estaba de espaldas al pizarrón me doy cuenta de que le pasó algo a la pesada de la profesora. Me doy vuelta y ahí estaba, convulsionando… Cuestión que se pusieron todos como con el culo y el corazón en ambas manos, y Nay salió disparada a Preceptoria para buscar ayuda. Mar que andaba por ahí, y que también sufre convulsiones, fue y la contuvo a  la profe. Después llegó el director y se la llevó a rastras, porque la gorda de historia pesa un huevo, yo quise ayudarlo pero me dijo que no, que me distraiga en otra cosa, que vaya a pedir los sánguches del desayuno, que qué se yo. Voy a buscar los sánguches y me encuentro con dos enfermeros y un doctor llevando a toda velocidad una camilla que hacía mucho ruido por el pasillo. Después, cuando estoy volviendo con la caja llena de sánguches de salame, me cruzo con la Profe acostada en la camilla, ya se la llevaban. La vi, estaba despierta, entonces agarro y le digo que tenga suerte. La gorda me agradece y dice que me acerque. Me acerco y ahí nomás me manotea un sánguche, boludo,  y me dice: “Para el camino, pibe.” Se los comenté a los chicos pero no me creyeron nada. No sobró ningún sánguche, Cardo, ni uno.
-         Mirá vos- respondió Cardo, sentadito en la mesa, para después darle un sorbo lento a la taza, porque el té estaba quema tripa pela lengua
-         Tuviste que haber estado…- Dijo Pernambuco.

Entonces Cardo dejó el té en la mesa,  corrió la silla y se paró. Apoyó las manos en el respaldo de la silla, miró fijo a Pernambuco, y moviendo de acá para allá sus cejas coloradas y sus labios secos y violetas, dijo:

-         Eso si que no, Pernambuco… eso si que no. Si yo iba, no sobraba el sánguche, ¿Entendés? Si yo iba, hacía la tarea y la de Historia no se descomponía por una de sus crisis de “No-me-están-dando-bola-estos-pendejos-maleducados”. Ese sánguche de salame que se llevó, era el mío. Quizá lo coma y se muera. Y si se muere, es porque yo falté.¿Entendés, Perna?
-         Sí- dijo Perna, dándose cuenta de lo poco que servía la mentira, y empezando a recapitular la verdad para decírsela Cardomomo, que con su fidelidad al efecto mariposa pudo haberse ido bien a la mierda.



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