domingo, 13 de octubre de 2013

Restricción de crédito

Restricción de crédito


   La otra noche, yendo por la calle Corrientes, al pasar frente a un café, oigo que uno de los tantos vagos estacionados en la puerta, le decía a otro:

   En estos últimos tiempos me han restringido el crédito.

   Como la voz que pronunciaba estas palabras era aguardentosa, no pude menos de volver la cabeza y casi largo la carcajada, al comprobar que el tío que había manifestado tal dificultad financiera, era uno de esos sujetos a quines uno se acerca, pero no antes de haber tomado la precaución de abrocharse el saco y ponerse las manos en los bolsillos.

El que lo escuchaba debía ser un furbo de la misma categoría que el otro.


Caminado

   Y seguí caminando, al tiempo que pensaba:
     ¡Cuándo habrás tenido vos crédito en tu vida! Si vasta verte la cara para comprender que estás comprendido en la escala zoológica de los patos funestosos, de los orres que se hospedan a 0.80 la catrera; si pertenecés, sin grupo, a esa legión de turros fatídicos que brujulean un mediodía para saber dónde no podrán comer a la noche; si perteneces al gremio de los desamparados que le dan categoría de almuerzo a un capuchino rante y grado de orgía a un chocolate modiolunero, y todo de bacanal al guisado trasnochado que por 0.20 despachan en el Puchero Misterioso. ¡cuándo habrás tenido crédito, vos, que todo lo arreglás de ojito; que desde las seis de la tarde a las doce de la noche levantás la guardia en el pórtico del café, esperando que caiga cualquier lonyi para pagarte el vermouth, y hacés de tu nariz garguero en la parada? ¿Cuándo te habrán restringido el crédito? ¡Si sos iluso! De verdad que tenés fantasía, y de las que nostros, los emborrona cuartillas, llamamos delirantes. ¿Crédito,v os? Pero ¿cuándo?, ¿en dónde? Si en cuanto un comerciante te vea la jeta, debe cerrar presuroso el cassun, temeroso de que te alcés con el burro. ¡Si sos iluso! ¿En dónde has tenido crédito? Si verte es sentir de inmediato la ineludible necesidad de rajar; si el mirarte lo transporta a uno aal imperio de los calcetines rotos, que en cuanto caen al suelo abren un buraco en el pinotea; si contemplarte de cerca es un placer tan sólo concedido a los dioses, porque sólo los dioses pueden acercarse impunemente a un turro de tu magnitud. Hombre mortal que timoratamente se avecine a tu ladronísima figura perderá para siempre el dinero, la confianza y la tranquilidad.



No, viejo

    No, viejo; vos estás confundido o mal de la cabeza. No te han restringido el crédito; lo que vos querrás decir es que te han restringido la libertad de poder andar por la calle. ¿No será eso? Porque, ¡mirá que hablar vos del crédito! Pero, ¿qué te pensás? ¿Qué estamos en la Rodesia o en la Costa Azul? No, estamos aquí, en Buenos Aries, dodne el que no corre anda en submarino. Mirá vos, ¡como para hacernos pasar la novela de tu crédito! Si el gil más recalcitrante, en cuanto te oye el sonido del garguero, raja temeroso de tus estafas.

   Juro por todos los dioses del Olimpo (no es ningún cabaret) que en las diez y ocho mil hectáreas cuadradas que tiene esta más grande capital, no encontrarás ni grébano ni checoslovaco, ni griego ni latino, ni ruto ni bosniano, ni finlandés ni noruego, que te fíe una estampilla al contemplar de cerca tu jeta  perrera, taladrada por los forúnculos, enlividecida por la ragú, retorcida por el insomnio escolacero en la que, como en todas partes (no podías fallar ni en la timba), levantaste la guardia tras de los que se jugaban el alquiler de las tres por tres, o el mensual oficinesco.

    Pero, ¿de que rincón de tu fantasía sacaste esa novedad que pregonas? ¡Me han restringido el crédito! ¿O es que te ha dado por hacerte el humorista? Pero tu humorismo asusta. En cambio, si estás en trágico, hacés reír. Con esa frase quisiste hacer un vodevil. Es demasiado serio. ¿O es que engañabas a un prójimo? Pero es que el prójimo tenía una facha malandrina que no le iba a la zaga a la tuya. ¿O es que era algún prestamista= Pero, ¿qué= Los prestamistas, en cuanto en las puertas de sus casas un sujeto de tu talla, aprontan la ametralladora y solicitan refuerzo al Departamento. Mirá, ¡cómo para entrar vos a caverna de uno de esos legalísimos asaltantes!


Por donde se mire

Yo no sé, pero por donde examino tu frase, no le encuentro atadero. ¡ te habrá trastornado el hambre las facultades mentales? ¿O es que la miseria, con sus vapores, ha introducido el delirio en tu cráneo? ¿O es que sufrís los efectos de una parálisis progresiva que como todas las parálisis progresivas (¡mirá qué progreso!) te convertirá en huésped permanente del Vieytes? ¡Qué sé yo, viejo! Lo único que puedo decir es que la frase macabra que largas en el pórtico de ese café donde se congregan sinvergüenzas, cómicos malos y buenos, pesquisas, autores geniales para la familia y la novia, apuntadores, partiquinos, amigos de autores, etc., lo único que sé es que esa frase que lanzaste en medio del tumulto de la calle más linda y atorranta de Buenos Aires, hace un me que la llevo bailando en los sesos, y es inútil que quiera olvidarme de ella.Anoche, y en cuanto paso por ese café, me acuerdo de tu vozarrón de laringítico en cierne, exclamando roncamente:

En estos últimos tiempos me han restringido el crédito.

¡Cuidado, viejo! O creo que los que tevan a restingir es la libertad de andar buscando giles a quienes engatusar con esa novela. Poné la barba en remojo y dejate de macanas , que hoy, en este país, el que no vuela anda en submarino, y ya te digo nuevamente: esa historia no te la va a creer en las 05.000 hectáreas cuadradas que tiene esta ciudad,ni el más ingenuo habitante de Bosnia.


                                                            Roberto Arlt    (El Mundo, 24 de diciembre de 1929)

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