Restricción de crédito
La
otra noche, yendo por la calle Corrientes, al pasar frente a un café, oigo que
uno de los tantos vagos estacionados en la puerta, le decía a otro:
En
estos últimos tiempos me han restringido el crédito.
Como
la voz que pronunciaba estas palabras era aguardentosa, no pude menos de volver
la cabeza y casi largo la carcajada, al comprobar que el tío que había
manifestado tal dificultad financiera, era uno de esos sujetos a quines uno se
acerca, pero no antes de haber tomado la precaución de abrocharse el saco y
ponerse las manos en los bolsillos.
El que lo escuchaba debía ser un furbo de la
misma categoría que el otro.
Caminado
Y
seguí caminando, al tiempo que pensaba:
¡Cuándo habrás tenido vos crédito en tu vida! Si vasta verte la cara
para comprender que estás comprendido en la escala zoológica de los patos
funestosos, de los orres que se hospedan a 0.80 la catrera; si pertenecés, sin
grupo, a esa legión de turros fatídicos que brujulean un mediodía para saber
dónde no podrán comer a la noche; si perteneces al gremio de los desamparados
que le dan categoría de almuerzo a un capuchino rante y grado de orgía a un
chocolate modiolunero, y todo de bacanal al guisado trasnochado que por 0.20
despachan en el Puchero Misterioso. ¡cuándo habrás tenido crédito, vos, que
todo lo arreglás de ojito; que desde las seis de la tarde a las doce de la
noche levantás la guardia en el pórtico del café, esperando que caiga cualquier
lonyi para pagarte el vermouth, y hacés de tu nariz garguero en la parada?
¿Cuándo te habrán restringido el crédito? ¡Si sos iluso! De verdad que tenés
fantasía, y de las que nostros, los emborrona cuartillas, llamamos delirantes.
¿Crédito,v os? Pero ¿cuándo?, ¿en dónde? Si en cuanto un comerciante te vea la
jeta, debe cerrar presuroso el cassun, temeroso de que te alcés con el burro.
¡Si sos iluso! ¿En dónde has tenido crédito? Si verte es sentir de inmediato la
ineludible necesidad de rajar; si el mirarte lo transporta a uno aal imperio de
los calcetines rotos, que en cuanto caen al suelo abren un buraco en el
pinotea; si contemplarte de cerca es un placer tan sólo concedido a los dioses,
porque sólo los dioses pueden acercarse impunemente a un turro de tu magnitud.
Hombre mortal que timoratamente se avecine a tu ladronísima figura perderá para
siempre el dinero, la confianza y la tranquilidad.
No, viejo
No,
viejo; vos estás confundido o mal de la cabeza. No te han restringido el
crédito; lo que vos querrás decir es que te han restringido la libertad de
poder andar por la calle. ¿No será eso? Porque, ¡mirá que hablar vos del
crédito! Pero, ¿qué te pensás? ¿Qué estamos en la Rodesia o en la
Costa Azul ? No, estamos aquí, en Buenos
Aries, dodne el que no corre anda en submarino. Mirá vos, ¡como para hacernos
pasar la novela de tu crédito! Si el gil más recalcitrante, en cuanto te oye el
sonido del garguero, raja temeroso de tus estafas.
Juro
por todos los dioses del Olimpo (no es ningún cabaret) que en las diez y ocho
mil hectáreas cuadradas que tiene esta más grande capital, no encontrarás ni
grébano ni checoslovaco, ni griego ni latino, ni ruto ni bosniano, ni finlandés
ni noruego, que te fíe una estampilla al contemplar de cerca tu jeta perrera, taladrada por los forúnculos,
enlividecida por la ragú, retorcida por el insomnio escolacero en la que, como
en todas partes (no podías fallar ni en la timba), levantaste la guardia tras
de los que se jugaban el alquiler de las tres por tres, o el mensual
oficinesco.
Pero,
¿de que rincón de tu fantasía sacaste esa novedad que pregonas? ¡Me han
restringido el crédito! ¿O es que te ha dado por hacerte el humorista? Pero tu
humorismo asusta. En cambio, si estás en trágico, hacés reír. Con esa frase
quisiste hacer un vodevil. Es demasiado serio. ¿O es que engañabas a un
prójimo? Pero es que el prójimo tenía una facha malandrina que no le iba a la
zaga a la tuya. ¿O es que era algún prestamista= Pero, ¿qué= Los prestamistas,
en cuanto en las puertas de sus casas un sujeto de tu talla, aprontan la ametralladora
y solicitan refuerzo al Departamento. Mirá, ¡cómo para entrar vos a caverna de
uno de esos legalísimos asaltantes!
Por donde se mire
Yo no sé, pero por donde examino tu frase, no le encuentro atadero. ¡ te
habrá trastornado el hambre las facultades mentales? ¿O es que la miseria, con
sus vapores, ha introducido el delirio en tu cráneo? ¿O es que sufrís los
efectos de una parálisis progresiva que como todas las parálisis progresivas
(¡mirá qué progreso!) te convertirá en huésped permanente del Vieytes? ¡Qué sé
yo, viejo! Lo único que puedo decir es que la frase macabra que largas en el
pórtico de ese café donde se congregan sinvergüenzas, cómicos malos y buenos,
pesquisas, autores geniales para la familia y la novia, apuntadores,
partiquinos, amigos de autores, etc., lo único que sé es que esa frase que
lanzaste en medio del tumulto de la calle más linda y atorranta de Buenos
Aires, hace un me que la llevo bailando en los sesos, y es inútil que quiera
olvidarme de ella.Anoche, y en cuanto paso por ese café, me acuerdo de tu
vozarrón de laringítico en cierne, exclamando roncamente:
En estos últimos tiempos me han restringido el crédito.
¡Cuidado, viejo! O creo que los que tevan a restingir es la libertad de
andar buscando giles a quienes engatusar con esa novela. Poné la barba en
remojo y dejate de macanas , que hoy, en este país, el que no vuela anda en
submarino, y ya te digo nuevamente: esa historia no te la va a creer en las 05.000 hectáreas
cuadradas que tiene esta ciudad,ni el más ingenuo habitante de Bosnia.
Roberto Arlt (El Mundo, 24 de diciembre de
1929)
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